Factores a tener en cuenta a la hora de solicitar financiación

Las personas encargadas de liderar la gestión de las compañías se enfrentarán, tarde o temprano, a tomar decisiones de inversión y de financiación, ya que cualquier proyecto de inversión del que se espera obtener una rentabilidad está ligado a una financiación.

El principal objetivo de cualquier proyecto empresarial debería ir enfocado a la generación de valor, entendiendo por generar valor  el incremento de valor que se crea en la compañía de forma continuada en el tiempo. Y cuando hablamos de incremento de valor no sólo me refiero al valor para los accionistas, sino el valor tanto interno como externo que va generando en clientes, proveedores, trabajadores y otros grupos relacionados con la Empresa.

Se puede dar la situación en la que una Empresa comience arrojando pérdidas y al mismo tiempo vaya generando valor,  en cambio, otra compañía podría estar dando beneficios y destruyendo valor. Todo depende de las previsiones iniciales y de si el crecimiento de la Compañía sigue en línea con el plan estratégico. En cualquier caso, todo proyecto empresarial necesita financiación si quiere ir creciendo a lo largo del tiempo.

¿Qué factores debemos considerar a la hora de financiar los proyectos?

  1. El coste efectivo de la financiación

Es el elemento fundamental a tener en cuenta, ya que dicho coste debe ser siempre inferior a la rentabilidad de la inversión que financia.

Para el cálculo del coste efectivo influye:

  • El tipo de interés de la operación
  • Las comisiones asociadas (de apertura, de mantenimiento, de administración, etc,)
  • Las diferencias de cambio que puedan producirse si la financiación se solicita en una divisa extranjera.
  • El periodo de pago de los intereses.
  • Otros gastos asociados a la operación de financiación.

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  1. El Proyecto de inversión al que se destinará la financiación.

Cuando tomamos la decisión de financiar es porque previamente hemos decidido invertir, y por tanto, tendremos que elegir el tipo de financiación a conseguir en función del destino a donde irán esos fondos, ya sea la adquisición de bienes de larga duración como la compra de maquinaria para el proceso productivo, o bien la adquisición de bienes corrientes como la adquisición de existencias.

Lo que parece claro es que si esperamos invertir en un proyecto que genera 100 euros anuales de fondos, no deberíamos financiarnos con fuentes de financiación que exigieran pagos anuales superiores a 100 euros.

  1. El grado de incertidumbre del proyecto.

Tendremos que definir qué recursos necesitaremos de manera permanente o recurrente como puede ser la financiación de los stocks o la financiación del inmovilizado, pero también deberíamos tener en cuenta los imprevistos que puedan surgir en el camino y que obligue a la compañía a recurrir a financiación temporal o estacional, como podría suceder en el caso de que ocurriese algo excepcional como un pago extraordinario o un incremento en el nivel de morosidad que retrasase nuestros cobros.

  1. Solvencia o rentabilidad.

A la hora de solicitar financiación tendremos que tener definido nuestro objetivo, es decir, si recurrimos a financiación propia pidiendo dinero a los socios y mejorar la solvencia, o por el contrario, buscamos financiación ajena pidiendo dinero al banco para mejorar la rentabilidad.

Por citar un ejemplo y poder así distinguir entre solvencia y rentabilidad supongamos que queremos comprar un puesto de venta de palomitas que nos cuesta 1.000 euros.

Tenemos tres opciones:

  • Aportamos nosotros el dinero de nuestro bolsillo y adquirimos el carrito, en este caso, hemos primado la solvencia en nuestra estrategia, ya que si perdemos dinero y no vendemos lo que teníamos previsto, no tendríamos deudas con nadie y arriesgaríamos únicamente nuestro dinero.
  • Pedimos un préstamo de 1.000 euros a un banco suponiendo que el tipo de interés anual es del 5% para adquirir el carrito de palomitas. En este caso, no hemos puesto dinero de nuestro bolsillo, y ha sido el banco quien nos financia el 100% de la operación por lo que estamos primando la rentabilidad sobre la solvencia. Si al cabo de un año, hemos ganado 100 euros, pagaríamos 50 euros (5% de 1.000) al banco y los otros 50 euros serían nuestro beneficio. Como os podéis imaginar, en este supuesto, nuestra rentabilidad se dispara a infinito, ya que no hemos puesto dinero y al final del año tenemos 50. Pero, ¿Qué sucede si perdemos 100 euros? Pues no tendríamos capacidad para pagar ni los 50 euros de intereses, ni los 1.000 euros que aún debemos al banco por la financiación original, ni siquiera vendiendo el carrito, por tanto, no tendríamos solvencia para pagar las deudas.
  • Pedimos una parte al banco y otra parte la aportamos nosotros. En este caso, dependiendo del porcentaje que solicitemos al banco, tendremos que elegir si preferimos ganar en solvencia pidiendo más dinero a los socios, o por el contrario, pedimos más dinero al banco esperando que nuestro proyecto remunere por encima del 5% y ganemos en rentabilidad con respecto a nuestra aportación.
  1. Acceso a los recursos.

En línea con el anterior punto, la realidad es que debemos mantener un equilibrio entre financiación ajena y financiación propia, ya que hoy en día,  si de por sí resulta bastante complicado acceder a la financiación bancaria, más aún resultaría si nuestra empresa tiene un nivel de endeudamiento del 95%, puesto que ninguna entidad estaría dispuesta a asumir este nivel de riesgo.

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  1. Formalización de la operación de financiación.

Según el tipo de operación al que recurramos para financiarnos, tendremos que valorar el impacto que tienen sobre el coste efectivo. Por ejemplo, si buscamos financiación a corto plazo, podemos recurrir al descuento comercial o al factoring, y aunque parezcan operaciones similares, tienen un tratamiento tanto jurídico como fiscal diferente, además de ser más costoso el factoring.

  1. Los plazos de amortización del préstamo.

Es importante no perder de vista los plazos de amortización de la deuda, y como hemos comentado anteriormente, que vayan en sintonía con el proyecto de inversión, es decir, que los flujos generados en nuestro proyecto nos permitan ir pagando la deuda cómodamente.

  1. Las garantías que nos exigen los prestamistas.

Hoy en día, y con el fin de asegurarse el cobro de la deuda, no os extrañe que os soliciten no sólo garantía personal, sino que os exijan  avales adicionales, garantías hipotecarias, seguros de vida, depósitos pignorados, en fin, una lista interminable de garantías que aseguren que de una forma u otra cumpliréis con la deuda. Solo os pido que prestéis atención, y que dichas garantías no superen el valor del importe a financiar, faltaría más.

  1. La exposición al riesgo financiero.

Cuando solicitamos un préstamo podemos pactar un tipo de interés fijo o uno variable, incluso podemos solicitarlo en una moneda extranjera. Si decidimos solicitar un préstamo a tipo de interés variable y en una divisa distinta a la nacional, estaremos expuestos, por un lado al riesgo de la posible depreciación de la moneda nacional, y por otro lado, a la posible subida del índice de referencia al que esté vinculado el préstamo de interés variable.

En definitiva, lo más importante es adecuar la financiación a cada proyecto de inversión, y por supuesto, que tengáis en cuenta cada uno de estos factores antes de tomar una decisión.

Sólo aquellos que están dispuestos a buscar, serán capaces de encontrar la recompensa.

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